Astiazaran-Iruin (Donostia-Zubieta): Febrero 2, 2019

Tradicional sidrería en el Día de la Marmota, para continuar celebrando el XXV aniversario de la I Sagardo Bira, esta vez visitando una sidrería inédita para todos nosotros, aunque las fotos de la Web prometen. Además habrá derby vasco lo que de seguro amenizará el ambiente en la sidrería y fuera de ella. Vamos a mediodía para poder ir y sobre todo volver en transporte público sin tener que coger coches o taxises.

Asistentes: Susi e Hilario (de Naranjilandia), Johnnie y Tere (Groseros), Josetxu (el señor de la nieves), Edu (que ya no sabe ni de donde es), y Nesss (recién salido del lago)

Previo

Josetxu acude presto el viernes para coger sitio en la pensión Ness, con el sofá-cama aúin caliente del hedor de Mikel, y así vuelve a completar el aforo. Junto con Edu y Ness, poteo tranquilo para pinchar algo, que mañana habrá que estar fuertes. Perdemos la opción de pintxo-pote pues ya son las 20:30; Edu se queda con ganas de comer unas alitas pero Ness no sabe donde las sirven, así que vamos al Zinkoenea donde el ricitos rubio nos descubrió demasiado tarde que el pintxo-pote se alarga bastante más allá de las 21:00, por lo que las miradas de rayos laser apuntan al guía local.

Para desayunar el sábado, Nesss nos ofrece una selección de productos picantones ante el desespero de Josetxu. A Edu se le antojan unas sardinillas en aceite que acaban mutando en pintxos de pate bilbaíno, atún picante, pimientos del piquillo, y las consabidas sardinillas, rica combinación que devoran ávidamente. Vamos al Iturtxo donde los valencianos nos comunican que ya han aparcado y ya están en la “Herriko Taberna” (aka Garin), por lo que vamos zumbados. Ambientazo sidrero-sabatino en el Garin al que extrañamente los tardones habituales sorprenden llegando puntuales y así completamos el grupeto. De allí, trago en el Zinkoenea, donde Josetxu y Edu vuelven a dedicarle a Nesss sus miradas de rayo laser al ver los platos de alitas que sacaban. A las 13:45, y tras escuchar el “mecagüendios” del viejo que suponemos habitual del (antiguo) Zinkoenea al ver lo petado que estaba, cogemos el puntual (casi micro) bus en Zinkoenea, que nos deleita con un tour por innumerables rotondas, centros comerciales, etc, para cubrir en 20' una distancia bastante corta. Detrás una niña muy maja nos pone el cabezón gordo pues no callaba. Una vez en Zubieta downtown, Edu vuelve a cruzar las carreteras en línea recta hacia la sidrería.

Sidrería

Efectivamente el caserio de una única planta de las fotos de la Web, seguramente antiguo establo, es reviejo y con personalidad, con tres zonas claramente diferenciadas: 1) un pasillo con 12 kupelas de madera, donde sólo había una mesa de viejos, luego la zona del asador acristalado con mesa corridas, el asador, y metacrilato con vistas a la tercera y última zona en la calle, con los baños, la zona de fumadores, y el txiki park (fuera de allí, un paintball). En la zona de mesas da el sol y todo para alegría de las chicas que pueden recargar sus baterías solares, siendo además las únicas que se quedan sentadas pues los demás hicimos ingeniería mesil para esconder el banco tronzaespinillas y que no molestara a los machotes que comieron de pie (por cierto, los únicos de la sidrería que lo hicieron). En seguida notamos sorprendidos la juventud de los camareros y txotxeros, lo cual nos recuerda con temor a la del jueves.

De comida, nos sacan rápidamente (debe ser la semana del estrés) dos tortillas de bacalao muy ricas y jugosas, luego dos platos con dos grandes tochos de bacalao frito con pimientos cada uno, muy rico y abundante, y otros dos platos de bacalao ajoarriero (ya que elegimos la opción max mix) que aunque bueno, sólo pareció excelente a Tere. Como la cosa iba muy rápida (de nuevo) le decimos al camarero que no saquen la carne hasta avisarles, y nos íbamos a beber… aunque un rato después nos encontramos que las txuletas ya estaban en la mesa sin que les hubieramos avisado (Edu le pide explicaciones al camarero y le reclama una mejor comunicación entre los camareros). Los dos txuletones, brontosauricos, de gran grosor aunque muy poco hechos y sin jugo (alerta congelados), siendo uno de ellos bastante más tierno que el otro; Hilario sorprende a Edu comiéndose los tocinos que él iba descartando. Volvemos a solicitar un stop para beber y cuando quedaba una hora para el cierre a las 17:00, pedimos otros dos txuletones que cuesta que salgan (como debe ser) y que vuelven a ser del mismo tamaño aunque estaban bastante más tiernos que los dos primeros. Los acostumbrados roehuesos dan su espectáculo habitual. Finalmente, de postre queso, membrillo, y nueces de las que no dejamos ni una, arramble final incluido, tras un festival de palmetadas que hicieron estigmas múltiples en piel, huesos y órganos, y dejaron manca a más de una valenciana. Nos sorprenden con las dos últimas cuajadas caseras que les quedaban, con miel, que estaban muy buenas a gusto de Edu. Todo fue 231€, 33€ por persona tal y como anunciaban en la cristalera de la parrilla.

Hubo grandes rondas para beber entre picoteo y picoteo. Susi no tarda en superar su timidez y hablar y reírse con todo quisqui… excepto con su novio. Edu intenta varias veces meterla dentro de una kupela (nos referimos a Susi), probando primero por la cabeza y luego por los pieses pero la cosa está complicada. Bastante gente vestida de futbolera, no pocos hípsters (bonitas trenkas, bufandas, y barbitas), destacando voz de trueno del bilbaíno con la chica de Ermua, los pucelanos (inicialmente muy animados pero que al final quedaron bastante mermados), un altuno de 2.05 al que Edu no hacía más que decirle que se bajara de la banqueta, y una mesa de gente vestida demasiado preparada para la ocasión, entre otros personajes. Hacemos muchos selfies, alguno con invitado no esperado. Johnnie se atemoriza mientras fuma al ver un tipo de camuflaje (procedente del paintball) pasar al lado suyo. El joven txotxero se divierte cambiando la dirección del chorrito pensando equivocadamente que a los demás también nos hacía gracia, lo que hace que se gane la reprimenda de Edu. Los últimos tragos los tomamos pasada la hora límite y salimos de allí bastante satisfechos en general.

Epílogo

Nos encaminamos a tomar unos digestivos al bar del downtown de Zubieta, donde vemos que el Athletic va perdiendo 2-0 cuando faltaban 20 minutos de partido. Al entrar nosotros ya no todos animaban a la Real. Tensión entre Edu y el padre de la del Athletic, que aprovecha el primero para conseguir pipas de la susodicha. Tras acabar el partido 2-1, el exaltado de verde nos pide perdón por si había sido muy efusivo animando a la Real. Nesss nos saca estresados de allí en varios grupetos para coger el bus de las 18:20 pues no había otro hasta una hora después. Ya en el bus, Susi casi se mata cambiando de asiento, deshacemos el camino de los centros comerciales rontondizados, y, créanselo o no, volvemos a coincidir con la jodida niña de la ida, que seguía sin callar.

Nos bajamos en Zinkoenea, tomamos un trago y algunos menean el culo en el ambientado Apeadero, lleno de chicas, al salir del cual se fueron la pareja de naranjitos. Luego un trago en el Goiz-Argi escapando de los bares-discoteca con música de borrachos-sagardo-buseros, y al salir de allí nos despedimos de la pareja de groseros. Tras el meneo que le dio el tipo alto de la sidre a Nesss fuera del Aralar, los tres supervivientes tiramos hacia el barrio de Nesss, tomando uno más en el Kabi (que hizo honor a su sobrenombre de "el de los borrachos"), y el trago final en el Lizarra, donde la pareja de Katanga (que ya vimos por la mañana camino del Iturtxo) nos invitaron a naranjochos: se le había acabado la cocacola a la simpática camarera morisca Fadira, que también nos invitó unos ricos triángulos de queso (a Edu, a dos, por hablar de más). Les invitamos a una ronda de cerveza (aunque a Fadira también se le había acabado la keler txiki, jarrrlll) y el susodicho nos invitó una conversación sobre PHP, menos a Nesss que no tenía ni puta idea (según Edu). Ya en casa, a las 22:30, charleta y cascahueses saladillos, acostándonos como buenos chicos a una hora prudencial. Las visitas nocturnas al baño llegaron a cuatro en algunos casos.